Cuya vida siempre estuvo ligada al deporte.
“Desde los 8 años supe que quería dedicarme a algo relacionado con el movimiento. El atletismo me enseñó que con constancia y esfuerzo, cualquier meta es posible”.
Más adelante, las carreras de obstáculos le ayudaron a desafiar sus límites y a crecer como persona. Aunque en un momento dejó la competición para enfocarse en otros proyectos, el deporte siguió siendo una parte esencial de su vida.
“El deporte me ha acompañado en todas las etapas de mi vida, y hoy el pole dance me desafía tanto física como emocionalmente. Me conecta con mi creatividad y mi fortaleza interior”.
El deporte le enseñó que no importa cuántas veces caigas, sino cómo te levantas.
“Cada caída es una oportunidad para aprender. Y esto no solo lo aprendí entrenando, sino también en la vida”.
Esta lección, aplicada tanto en el ámbito físico como en lo personal, le permitió enfrentar desafíos y convertirlos en oportunidades de crecimiento. Dejar de trabajar para otros y crear su propio proyecto fue uno de los mayores retos.
“Construir MOMA no fue fácil. Hubo días de dudas y miedos, pero también momentos de satisfacción y una gratitud inmensa por ver cómo este sueño tomaba forma”.
En este recorrido, descubrió que el bienestar no se limita al cuerpo. La mente y las emociones también necesitan cuidado.


